miércoles, 29 de junio de 2011

Mandamientos del Cuentacuentos



1º - Amarás el cuento sobre todas las cosas: el cuento será tu dios y la palabra tu espada; con esta fe te abrirás camino en este macrocuento que es la vida.


2º - No tomarás el nombre del cuento en vano: contar cuentos es importante. Tómate tu tiempo antes de lanzarte a narrar a la plaza pública. Defiende el cuento de los lugares comunes y de la cacofonía y si es necesario defiéndelo de ti mismo.


3º- Santificarás las fiestas: Eres el caballero andante de la poesía. Cada ocasión de contar es una fiesta sagrada, un torneo que debes librar por la humanidad lleno de ilusión y fantasía. Contagia al público tu entusiasmo. Tu derrota en esta lid es un nuevo triunfo de las cadenas. Y recuerda que hay muchos tipos de cadenas (no sólo las de televisión).


4º - Honrarás a tu padre y a tu madre: A ellos les debes el "érase una vez" y el "colorín colorado". Son la encarnación de una tradición que se prolonga más allá de las mil y una noches. Tienes derecho a pasarnos la gorra a todos por tus cuentos excepto a ellos.


5º - No Mataras (…de aburrimiento): este es el más importante y con esto queda todo dicho.


6º - No cometerás actos impuros: donde tengas la olla no metas tus bajas pasiones. Se mínimamente aseado y educado y no utilices los cuentos como el púlpito de tu egolatría y narcisismo.


7º - No hurtarás: No copies, no plagies, sé tu mismo. Si una idea te gusta deja que macere en tu interior, que mute, que se haga propia. No te obsesiones; la originalidad no existe, existen los narradores originales. El carisma no es un hurto.


8º - No levantarás falsos testimonios ni mentirás: documéntate bien, reconoce y menciona las fuentes. Es un acto monstruoso de la vanidad y de la ingratitud querer colar por nuestro lo que aprendimos de otro. También recuerda que todo cuento tiene un fondo íntimo de verdad y sabiduría que sólo brilla si el Cuentacuentos es sabio y veraz. Se fiel a tu filosofía pero no a costa de la filosofía del cuento.


9º - No consentirás pensamientos ni deseos impuros: no abrumes al público con tus pajas mentales ni hagas ostentación de ordinariez. Di lo que tengas que decir pero cuida la expresión. Aprenderás que la riqueza del tesoro de la lengua lo permite todo. Se límpido y directo, singular y universal, sin credo de edad, riqueza o clase social. Huye de la zafia condición aunque la aplaudan.


10 º - No codiciarás los bienes ajenos: no existen en el universo dos seres iguales. No puede haber dos narradores iguales. Respeta los logros de tus compañeros y bríndales tu reconocimiento y tu aplauso cuando se lo merezcan. El camino de los cuentos es el camino largo y embarazoso de los tres hermanos. No juzgues ni envidies a los que llegan lejos. Disfruta y aprende de su experiencia.


Estos diez mandamientos se cierran en uno: amarás al que te escucha como a ti mismo.



martes, 14 de junio de 2011

Soneto de una doncella anónima toscana del siglo XV

Pobre de mí, que amaba un alcotán.
Lo amaba tanto yo que me moría.
A mi reclamo, bien que era galán,
aunque no mucho cebo le ponía.

Ahora muy altanero lo verán,
mucho más alto que antes no solía;
en un vergel reposa de su afán
y otra dama lo tiene en tiranía.

¡Ay mi alcotán!, te había yo nutrido
y un cascabel de oro regalado
porque hubiera más júbilo en tu vuelo.

Y ahora como la mar te me has alzado,
has roto ligaduras y has huído,
cuando estabas tan fiel a mi señuelo.



*Traducción de Rafael Sánchez Mazas

jueves, 2 de junio de 2011

Alabanza del vino

Beber es una acto que realizan las razas de linaje antiguo, cuando se hace uso del vino (moderadamente, como de todas las cosas preciosas), es salud y medicina.

El vino aumenta la fuerza muscular, exalta el sentido genético, estimula el sistema nervioso y psíquico, rinde fácil la elocuencia, empuja a la benevolencia, predispone a la asociación, al perdón y al heroísmo.

El vino exalta la fantasía, hace lúcida la memoria, aumenta la alegria, alivia los dolores, destruye la melancolía, concilia el sueño, conforta la vejez, ayuda a la convalecencia y da aquel sentido de euforia por donde la vida transcurre leve, suave y tranquila.

*La fotografía es de mi buen amigo y camarada el fotógrafo Luis de Pazos. El texto lo ignoro. En mi infancia lo escuché de labios de alguien cuyo nombre he olvidado. Tal vez sea anónimo como mi recuerdo.