DESPEDIDA DEL FESTIVAL DE NARRACION ORAL "HILANDO CUENTOS"
En recuerdo del Festival de Narración Oral "Hilando Cuentos" (2019–2025)
Por
Crispín d'Olot, codirector del festival
Todo llega a su fin. Durante seis años se trabajó por mantener activo un festival en el mundo rural sabiendo lo difícil que era atraer público y conseguir artistas de nivel con un presupuesto sacado de nuestro propio bolsillo.
Todo empezó cuando Dorita (Heliodora Martínez, la directora) y su hija, Alicia García, me convocaron un día de invierno de 2019 para decirme que su museo —esa casa de Santa Olaja de la Vega donde las ruecas, los instrumentos y la escuela de la posguerra siguen abiertos a la curiosidad del público— quería iniciar un festival de narración oral. En la Vega del Carrión, las mujeres hilaban y hacían calceta contando historias. El hilo y la palabra siempre fueron unidos de la mano. De ahí que el nombre que propusieran fuera: Hilando Cuentos. Comenzamos a tirar del hilo y salió todo lo demás: 6 ediciones, durante seis años, junto a la asociación cultural Cascabelia y, muy especialmente, junto a Dorita y Alicia.
Yo era el director ejecutivo, sí, pero también el aprendiz. Porque organizar y dirigir un festival, otorgar un premio anual, convocar a tantos artistas y amigos es una escuela de vida y de narración.
I edición (2019): Premio Marcela
Sabio
Aquel primer año quisimos que el premio del museo
recayera en quien mejor representa esa oralidad que viaja entre el
estudio y el escenario, entre el Nuevo y el Viejo mundo: la argentina
Marcela Sabio, musicóloga, compositora, dramaturga y narradora oral
escénica. Marcela, que forma parte de la agrupación "Foro
Internacional de Narración Oral FINO" y que desde 1997 teje su
propia red de cátedras y foros entre Argentina y México, llegó a
Santa Olaja como llegan los buenos juglares: trayendo consigo el eco
de otros escenarios. Que una investigadora y premiada internacional
tan admirada aceptara guardar en su currículo el nombre de nuestro
pequeño museo fue para nosotros la bendición del primer año. Yo
puse mi grano con "Flor de romances", aquel espectáculo de
humor e instrumentos antañones que homenajeaba a Menéndez Pidal y
María Goyri cuando empezaron a recoger romances a comienzos del
siglo XX. Así partió el festival: no hubo mejor manera de ponerlo a
andar. También nos acompañó -con su taller de poesía y su
actuación- otro gran juglar de inmenso talento y gran amigo: Matías
Tárraga.
2020
El silencio. Quien no vivió
aquello no sabe lo que es un festival suspendido. Teníamos la II
edición en el horno —ya con Blai Senabre anunciado con sus
"Cuentos del mundo", con Victoria Gullón preparando su
taller de historias compartidas, con mi "Risapalabra"— y
el mundo entero se confinó de golpe. Cancelamos. A la fuerza
ahorcan.
II edición (2021): Premio Victoria
Gullón
En septiembre de 2021 volvimos a retomar el ovillo,
aunque trasladados del julio que no pudo ser. La afluencia fue menor
—el COVID pesaba aún, y bien lo cuenta nuestra amiga Amalia
"Ailama", que nos honró con su visita y su cuento del
tesoro—, pero quizá por eso fue más íntima. Acompañamos a
Victoria Gullón, la romancera de Puebla de Sanabria que aprendió a
cantar de su abuela María, pastora en la Sierra de la Culebra.
Cantadora de romances, voz de lo popular, sabiduría de sus
antepasados: el museo quiso rendirle homenaje en aquella edición, y
ella respondió con "A nuestras anchas" y le dimos el
premio La Calceta ese año. Hubo también cuentos y talleres de
Calabacín Errante. La presencia de Ali Kaskabel y la mía, no solo
predicando, también dando trigo. Después de tanto encierro, contar
cuentos al aire libre pareció un acto de justicia.
III edición (2022): Premio Miguel
Ordóñez
Con el mundo reabierto, la III edición quiso
recordar que la narración oral tiene otros modos y formas de
divulgarse. Dejamos que el guiñol tomara la palabra: Miguel Ordóñez,
titiritero argentino afincado en tierras palentinas y fundador de La
Casa del Títere de Paredes de Nava, recibió el galardón del museo.
Miguel es prueba viviente de que el titiritero es, en el fondo, un
juglar que presta su voz a los muñecos. En un museo dedicado a la
tradición —donde custodiamos guitarras del XIX, laúdes,
bandurrias, zambombas y sonajas—, su premio encajaba como la
caperuza al halcón.
IV edición (2023): Premio Luis de la
Cruz
Del 11 al 13 de agosto. Tres días de calor y de
historias. Y un huésped transatlántico: el mexicano José Luis de
la Cruz, actor y narrador oriundo de Monterrey y vecino de Apodaca,
veintitrés años de oficio, catorce de ellos en la oralidad. Con su
espectáculo "Cuentos para no dejar de ser niños" nos
recordó lo que el museo predica: que las tradiciones orales son el
patrimonio inmaterial que transmite conocimientos, valores y
vivencias de generación en generación. Compartieron escenario la
propia Marcela Sabio —que ya era de la familia— y todo el elenco
de siempre. Y hubo repique y taller de toque de campanas, que en un
pueblo como este es también una forma de narrar.
V edición (2024): Premio Crispín de Olot
Confesaré que esta es la edición que me cuesta escribir, porque en ella el homenajeado fui yo. Que el museo entregara su reconocimiento anual a este servidor —José Manuel Ramos Alonso, Crispín d'Olot de nombre artístico— en septiembre de 2024 fue de las mayores alegrías de mi vida, comparable solo a aquella Alubia de Oro que La Bañeza, mi pueblo, me concedió en 2019. Heliodora Martínez dijo de mí que "personifico de manera excepcional la juglaría ligada a la literatura y la palabra, uniendo generaciones a través de la poesía y la música". Yo, qué puedo decir: mi misión siempre ha sido mantener vivo ese legado en un mundo cada vez más digitalizado. Vino a acompañarnos el payador argentino Wilson Saliwonczyk, y Taxus Baccata —Rocío— compartió sus cuentos con los vecinos del pueblo de Santa Olaja de la Vega. La ceremonia, un fin de semana completo, reunió a amantes del arte, la tradición y la oralidad. En mi tierra bañezana me habían dado la Alubia; en Santa Olaja me dieron el reconocimiento del propio festival que ayudé a crear de la nada. Hay emociones que no se pueden narrar.
VI edición (2025): Premio Blai
Senabre
Llegó julio de 2025 con los talleres llenos hasta
la bandera, a acoplar al festival las Jornadas de Oficios Perdidos,
visitantes de todas las edades, y un premio para un maestro de la
palabra: Blai Senabre, el narrador de Altea que aprendió a contar "a
la fresca" en su infancia alicantina y que desde 1995 lleva su
maleta de cuentos por bibliotecas, colegios, teatros, cárceles y
plazas de medio mundo, además de dirigir desde 2004 el festival
Encontes en su ciudad. Dorita le reconoció "la excelencia
profesional" de quien "teje puentes entre generaciones".
Blai había estado con nosotros desde casi el principio —recuérdese
aquella II edición cancelada donde ya figuraba en el cartel—, así
que el galardón fue menos un premio que un abrazo demorado.
Epílogo
Cuando lo pienso, pienso en
un milagro: un pueblo de 87 habitantes, un museo que "pelea
contra el olvido" por la obstinación de una bellísima persona,
su directora Dorita, una asociación cultural dirigida por Alicia
García, y una generosidad inmensa de colegas del mundo de la
narración oral que los ha atraído de Argentina, México, Uruguay,
Zamora, Alicante… Seis galardonados que personifican todas las
facetas de la palabra viva: la música (Marcela), el romance
(Victoria), el títere (Miguel), la escena (José Luis), la juglaría
(un servidor) y el cuento puro (Blai).
En 2026, mientras escribo estas líneas, siento un profundo desamparo por la pérdida de todo este trabajo y a la vez el placer de rememorar tanta amistad y buenos momentos vividos con gente de palabra.


